Patricia Romero | Mamá
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Mamá

La Gran Frida. Patricia Romero

Mamá

-Mamá, ¿me traerá el ratoncito Pérez un peluche? -¿¡Un león!?

-Cariño, el ratoncito Pérez es muy pequeño y, con su tamaño, lo único que puede transportar es una moneda…

La niña se queda pensativa; está en el parque, sentada sobre el césped, rodeada de niños. Instintivamente, mueve su diente con la lengua y con el dedo. Toda ella está muy quieta, de no ser por el imperceptible movimiento que imprime al afligido dientecillo, podría ser una estatua del jardín, de lo concentrada que está. No deja de pensar en que, más temprano que tarde, el ratón le traerá un regalo, uno pequeño para que pueda con él. El diente se mueve un poco más…pero resiste abrazado a la sonrosada encía infantil. Se levanta y se reintegra al grupo de niños que corretean.

La mamá se queda observando los dientes de león salvajes que salpican la pradera. Dientes – de – león ¡Qué gracia!

La mamá piensa que va siendo hora de comprar la puertecita por la que el ratón entrará al cuarto a llevarse un diente y dejar una moneda o un león pequeño.

Sí, yo soy la mamá! Orgullosa porque a su hija se le mueve el primer diente de leche.

Con la nostalgia del Libro aún en los todos los sentidos arranco el post así, con un cuento a medias, a medias de la verdad y la ficción para contaros que de la Feria, este año me traje, además de la Puerta roja del Ratoncito Pérez, un mundo en libros fantásticos, todos con un background singular para mí. Algunos álbumes ilustrados, de mi amiga Paula Carbonell, de la gran ilustradora Carmen Queralt, uno sobre Frida, La Gran Frida, Frieducha, mi elixir en noches exaltadas. Algunos autores, Houellebecq, Nothomb y Lahiri, indispensables para mí estos días. Y dos grandes novelas gráficas Informe sobre Ciegos, de mi adorado Sábato y una versión de Drácula. Ambas editadas por Libros del Zorro Rojo, ambas ilustradas por Luis Scafati.

Cualquiera de estos nuevos volúmenes que se suman a mi particular ejército de soledades merecería que les dedicara tiempo y tratara de expresar lo que siento cuando los leo aunque, visto desde otra perspectiva, me pregunto si soy yo digna de merecer escribir sobre ellos. Es respeto. Uno muy profundo hacia quienes escriben y lo que escriben.

Siento como si en mi habitación, donde los deposité el sábado por la tarde y donde aguardan a ser leídos y ubicados en su estante, latiera un tesoro de incalculable valor. Soy adicta a los libros, a su aroma, a su tacto, a la generosidad de su silencio elocuente y a su amistad eterna.

1 Comment
  • Laura

    23 junio, 2015 at 8:39 pm Responder

    Lo conseguimos…. Te conocimos en la feria y mi pequeña y yo nos volvimos para casa con nuestro ejemplar de Tocotó firmado… dedicado…. para la pequeña Ana..

    Y la vida ha cruzado nuestros caminos y sé que va a ser tremendamente enriquecedor para mí. Empezamos a escribir los renglones de esta aventura.

    ¡Encantada de que nos hayamos conocido!

    Tu recién estrenada compañera.

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